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Conocer Sevilla en kayak, una experiencia enriquecedora

Pocas ciudades pueden presumir de contar con un río navegable que lleva siglos permitiendo el tránsito de barcos de recreo y la práctica de actividades deportivas en sus aguas.

Este año, la ciudad conmemora el quinto centenario de la vuelta al mundo de Fernando de Magallanes, el cual curiosamente, zarpó con sus naves, rumbo a Sanlúcar de Barrameda, desde el puerto de Sevilla. La capital de Andalucía fue punto de partida de dicha expedición, tal y como muestra la esfera armilar que figura al pasar el Puente de San Telmo.

La posición geográfica de España, y en concreto, la estratégica ubicación del puerto de Sevilla, convirtieron a la Híspalis en núcleo neurálgico comercial. Y es que durante el siglo XVI, el Guadalquivir pasó a ser el corazón de la ciudad. Echaban amarras barcos procedentes desde todas las partes del mundo, generando un incremento de la vida social, cultural, económica y política de la ciudad. Fueron dos siglos de enriquecimiento que acabaron otorgando a Sevilla la fisonomía urbana actual.

Las mercancías eran descargadas en el puerto y posteriormente trasladadas a la urbe, donde se comercializaban. Es por ello, que actualmente siguen existiendo en el callejero de la ciudad nomenclaturas como Francos, Odreros, Toneleros, Cerrajería, Placentines y Alemanes. Sevilla se convirtió en la puerta a Europa y en una ventana al Mundo.

La historia del río grande.

El imperio romano acabaría denominándolo como “Baetis” y a Andalucía, la “Baética”. En aquellos tiempos, el río era navegable hasta Córdoba, llegando incluso en períodos de grandes crecidas hasta la localidad jienense de Andújar. Actualmente, y a pesar de ser el río español con mayor tráfico fluvial, solo es navegable desde el mar hasta la ciudad de Sevilla.

El nombre de “Baetis o Betis” tiene raíces célticas e ibéricas. De igual modo, algunos historiadores apuntan a que los fenicios llamaron al río “Betsi”. Ya en el siglo séptimo antes de Cristo, ante la llegada de los griegos, fue denominado “Tharsis”, en alusión al reino de los Tartessos.

Los árabes fueron los responsables de otorgarle el nombre actual, “Wadi-al-kabir” (Río Grande). No obstante, este apelativo llegaría en el siglo XI, pues anteriormente sería conocido como “Nahr Qurtuba” (río de Córdoba), al estar la capital del califato en dicha ciudad. A pesar de la conquista, la llegada de Fernando III en el siglo XII no modificó el nombre islámico del río, y siguió llamándolo Guadalquivir.

¿Cuál es su travesía?

El río nace en su curso más alto a unos 1.400 metros sobre el nivel del mar, en la Cañada de las Fuentes (Quesada, Jaén). Desde dicho punto, ubicado en la Sierra de Cazorla, comienza a recorrer las ocho provincias de Andalucía, a través de sus múltiples afluentes. Tras pasar por Sevilla, lugar de mayor importancia fluvial, se va dividiendo en varios brazos y zonas semipantanosas conocidas como las Marismas del Guadalquivir. Finalmente, acaba muriendo en el Océano Atlántico, junto a Sanlúcar de Barrameda y el Parque Nacional de Doñana.

Pero, ¿sabías que su cuenca hidrográfica también se extiende hasta provincias como Albacete, Ciudad Real, Badajoz y Murcia?

Las zonas más llanas que atraviesa este río son Córdoba y Sevilla, generando a lo largo de la historia graves problemas e inundaciones. Quizás, la más llamativa de la capital andaluza fue la del 25 de noviembre de 1961. En aquella ocasión, el desborde del arroyo del Tamarguillo provocó una fisura en el muro que contenía el cauce, inundando calles y asolando barrios enteros. Más de 30.000 personas de una ciudad, con apenas 450.000 habitantes, se vieron afectadas. El Guadalquivir estaba completamente desbordado, y acabó anegando las zonas de Triana y el centro histórico. Las barcas se convirtieron en el único medio de transporte.

Las barcas como elemento deportivo

A raíz de la necesidad del ser humano de poder desplazarse a través del agua, se crearon pequeñas embarcaciones para una o dos personas que permitiesen el desplazamiento en trayectos cortos a través del cauce del río.

Pero la necesidad acabó derivando en el ocio. Y es que cuando se crearon mejores embarcaciones para labores mercantiles y de recreo, aquellas primitivas estructuras, que permitían un contacto más directo con el agua, comenzaron a emplearse como elementos puramente deportivos.

Hoy en día, ese tipo de embarcación que, por ejemplo usan los esquimales en su día a día, se ha convertido en el medio ideal para aventureros, excursionistas y deportistas que buscan una experiencia diferente.

El piragüismo nacería como deporte a mediados del siglo XIX, en torno a 1865, de la mano del abogado escocés John MacGregor, que construyó un kayak con el que viajó por los ríos británicos, nórdicos y centroeuropeos, para posteriormente alcanzar el río Jordán, el canal de Suez y el Nilo.

Su embarcación, llamada “Rob Roy”, no pesaba más de 30 kilos y estaba cubierta en su totalidad salvo el espacio del asiento. Era propulsada con un remo de doble pala.

Los primeros kayaks para competición llegarían a Suiza y Alemania en los años venideros. Estaban fabricados con armazones desmontables para poder ser transportados en mochilas. No sería hasta 1924 cuando se fundaría la Federación Internacional de Canotaje para agrupar a todas las asociaciones del mundo, ubicadas en Austria, Dinamarca, Suecia y Alemania. Ya en 1938 se organizó el primer Campeonato Mundial de Piragüismo en Aguas Tranquilas.

Acabaría siendo incluido como deporte en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, llegando anteriormente en los de París de 1924 como deporte de exhibición.

El piragüismo y el kayak se realizan sobre una embarcación ligera de madera, plástico o fibra de vidrio que se impulsa con la fuerza que el hombre ejerce sobre una pala o remo. Como pueden imaginar, existen diferentes modalidades dentro de este deporte en función del tamaño de la embarcación y de la superficie (mar, río, lago o pista artificial).

¿Dónde practicar el piragüismo?

Por supuesto que el Guadalquivir es un referente en la práctica de este deporte. Sus más de 657 kilómetros de longitud, su estupenda navegabilidad en zonas como Córdoba y Sevilla y sus numerosos afluentes, por no hablar de sus extraordinarias vistas, lo convierten en el foco náutico de la comunidad andaluza.

Al margen de éste, el piragüismo o el kayak pueden practicarse también en zonas como Cádiz, donde se realiza anualmente el descenso del Río Palmones. También merecen especial mención la Ruta del Aceite en piragua, que va desde Écija hasta Salúncar de Barrameda, o la concentración piragüística de la Playa del Membrillo en Puente Genil.

¿Puede cualquier persona realizar piragüismo?

Sí, aunque se trata de una práctica deportiva que requiere de gran resistencia y preparación física, así como de conocimientos en natación y primeros auxilios. Este deporte nos supondrá un gran esfuerzo físico, especialmente en el tronco superior.

Por todo ello, es importante realizar un curso de iniciación en aguas tranquilas antes de atreverse en aguas más bravas. ¡Y qué mejor que disfrutar del buen clima, de las aguas apacibles y de las inmejorables vistas del Guadalquivir!

Resulta esencial contar con un equipamiento cualificado compuesto de chaleco salvavidas, casco y traje de neopreno.

¿Qué te ofrece Karma?

Junto a un equipo de profesionales altamente cualificados, te mostraremos los encantos de la ciudad mientras te acompañamos a navegar las aguas que la bañan. Un tour de kayak inolvidable por la perla del Guadalquivir y disfrutando de su flora, su fauna y sus edificios emblemáticos de cerca, como la Torre del Oro, el barrio de Triana o la Cartuja.

Al desarrollarse la actividad en grupos reducidos, te permitirá disfrutar de la experiencia al máximo. ¡Disfruta de Sevilla y del Guadalquivir en kayak! ¡¡Vive la experiencia Karma!

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