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¿Estás estresado? ¡Pues tírate por un barranco!

¿Estás estresado? ¡Pues tírate por un barranco!

 

O por un río, o por una montaña con la bici…hablamos de los deportes de aventura y naturaleza, por supuesto, no de un suicidio “naturista”. Todos conocemos el estrés malo en la vida diaria: demasiado trabajo, preocupaciones, tropiezos o conflictos en nuestras relaciones personales. Por suerte, no todo el estrés es malo: de ahí surge el concepto del “eustres” o estrés “bueno”.

Las características de un factor estresante para que sea desagradable o perjudicial son:

-que sea impredecible (aparece en cualquier momento sin que nos lo esperemos)

-incontrolable (sentimos que no podemos hacer nada frente a ello)

– crónico (larga duración en el tiempo o repetido).

Sin embargo ciertos estreses puntuales con las características opuestas, producen el efecto contrario: nos dan sensación de euforia y energía, y posteriormente de relajación.

Los deportes como el rafting o el descenso de barrancos tienen estas características: tienen un cierto riesgo, pero totalmente controlado y mínimo cuando lo hacemos con profesionales que cuidan de nuestra seguridad. Es algo que hacemos por elección propia (predecible) y de forma puntual.

¿Pero que es lo que ocurre en nuestros cerebros para que nos siente tan bien hacer este tipo de actividades de vez en cuando? A todos nos suena la adrenalina. Esta hormona juega un papel importante: aumenta su producción en situaciones de riesgo y prepara al cuerpo y la mente para ello: se activa la producción de cortisol (hormona del estrés), se incrementa el flujo sanguíneo, la frecuencia cardiaca y respiratoria y se activa el estado de alerta. La noradrenalina, un neurotrasmisor, que químicamente es primo-hermano de la adrenalina produce efectos similares. La noradrenalina además actúa directamente en zonas del cerebro como el hipocampo y la amígdala facilitando la formación de nuevos recuerdos.

La adrenalina hará que nuestro cerebro experimente un subidón en los niveles de dopamina, que entre otras cosas es el principal neurotrasmisor del circuito de recompensa del cerebro. Por eso, ese subidón de dopamina hace que nos sintamos energéticos, contentos, motivados y con la mente ágil.

Pero no se queda ahí la cosa: el ejercicio físico aumenta la liberación de endorfinas, las hormonas de la felicidad. Si además le damos un toque de emoción y riesgo como ocurre en los deportes de aventura, el breve stress pasajero que experimentamos hará que la producción de endorfinas sea mayor aun, lo cual contribuye a dejarnos con esa sensación de buen rollo y relajación posterior.

Por último, al pasar el día al aire libre (a menos que nos dé por hacer espeleología), tenemos mayor exposición a la luz solar. Esto estimula que nuestro cerebro produzca más serotonina. La serotonina es responsable de regular muchos sistemas corporales, y hace que nos sintamos bien, tranquilos y ¡hasta aumenta la líbido! Cuando llega la noche, la serotonina se transforma en melatonina, la hormona que regula nuestro reloj corporal y nos induce a dormir por las noches. En nuestra vida normal, nos da poco el sol, y de noche estamos expuestos a demasiada luz artificial, lo que influye en la calidad del sueño y en nuestro bienestar psicológico. Por tanto, nada mejor que un día al aire libre estimulando nuestro cerebro y nuestro cuerpo, para después disfrutar de una noche de sueño de calidad, y despertar al día siguiente con más ganas que nunca de seguir disfrutando la vida.

 

Isabel Calmarza Font

Bioquímica y doctora en Neurociencia

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